
La historia silenciada de las mujeres que perdieron la guerra. Un grupo de mujeres, encarceladas en la madrileña prisión de Ventas, enarbola la bandera de la dignidad y el coraje como única arma posible para enfrentarse a la humillación, la tortura y la muerte.
"-Ha vuelto a dormirse. Ha dormido un buen rato y creo que ahora se está despertando.
-Bendito sea Dios.
Se le ha escapado a Reme, ese Bendito sea Dios. Se le ha escapado al ver la tranquilidad del sueño de Elvira. Se le ha escapado delante de Tomasa, que huye siempre de semejantes expersiones.
-Sea por simepre Bendito y Alabado.
Contesta Mercedes, y Tomasa se levanta sin mirarlas y se retira al rincón donde tendií los paños higiénicos que lavó ayer por la tarde. Comprueba que están húmedos aún y que han quedado algunas manchas. Y maldice en voz baja.
-Maldita sea mi estampa.
Maldice porque se ha puesto de mal humor. Y porque ya no tiene edad para menstruar, y durante el último año se le retrasa todos los meses. Pero viene. Viene cada mes con más hemorragia y sólo tiene tres paños, y en invierno tardan demasiado en secar.
-Maldita sea. Maldita sea la madre que la parió.
Lo ha dicho entre dientes. Pero Mercedes lo ha oído. Lo ha dicho mirando a Mercedes. Y la guardiana se acerca a ella:
-¡Qué ha dicho?
-He dicho maldita sea.
-¿Y qué más?
-Nada más.
-La he oído decir algo más.
La mujer que lleva el pelo cardado y un moño con forma de plátano se impacienta. Hace apenas dos semanas que trabaja como funcionaria de prisiones, y es la primera vez que se enfrenta a un conflicto. La he oído decir algo más, repite alzando la voz. (...)
Mercedes insite en preguntar. Y Tomasa insiste en su silencio. No es su intención medurse con ella. Pero se mide. No es su intención retarla. Pero la reta. La mira fijamente y levanta la barbilla. (...)
En quince días no se puede aprender un oficio, pero Mercedes ha de reaccionar si no quiere que la chivata la acuse ante sus superioras de falta de autorudad, y que las internas descubran que no sabe qué hacer. Ha de reaccionar, eso es lo único que sabe. Tomasa también lo sabes. Achina los ojos. Y espera.
La bofetada resuena en la galería.
Las mujeres que mantenían la mirada fija en Mercedes bajan la vitsa. Elvira acaba de despertar. Aunque aún no puede abrir los ojos (...)
Arriba, parias de la tierra.
Y Elvira se incorpora semidespierta al escuchar a Reme, que ha comenzado a cantar a media voz.
En pie, famélica legión.
Reme intenta desviar la atención de Mercedes, que ha vuelto a alzar la mano contra Tomasa, pero Reme desafina. Y Elvira entona la melodía que tantas veces ha escuchado cantar a Paulino. Hortensia la sigue en un susurro apenas perceptible, apenas suficiente para que Mercedes gire la cabeza hacia ellas.
Atruena la razón en marcha.
El trío continua cantando a medio tono. Tomasa se suma al himno.
Del pasado hay que hacer añicos.
Las demás internas de la galería corean a sus compañeras. Casi un rumor, un susurro apenas, aunque crece, sin que ellas, eleven la voz. Crece a medida que, una a una, se incorporan todas al canto. Un murmullo que crece. Crece. (...)
Algunas mujeres han levantado el puño para cantar."
Dulce Chacón